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Gigliana y Rosanna Camusso: “En la fábrica hicimos la Copa Libertadores”

“La plata peruana es la mejor. En Italia se trabaja con 800. Acá es 925 (1,000 sería plata pura). Esas cifras definen la pureza. Nuestra plata es mucho más pura. Por eso nuestra platería es cotizada”, señalan las hermanas y afirman que tenemos la mejor plata del mundo.

Mijail Palacios

Rosanna nació en la calle Amargura, en el Centro de Lima. Era el año 1934. Y ahí también se gestó el taller de su padre Carlo Mario Camusso, un tornero italiano y huérfano que se había salvado de ir a la Primera Guerra Mundial por su corta edad. En esa época tuvieron como vecino al ex presidente Prado, quien en la hora de la siesta hacía que paren los trabajos en el taller.

Tres años después nació Gigliana. Pero ella lo hizo en el nuevo hogar de la avenida Petit Thouars, cerca del Parque de la Reserva, donde recibieron el terremoto de 1940. Ambas hoy están sobre los ochenta años de edad y son herederas de una de las fábricas más importantes de Sudamérica en piezas de arte de plata 925 (alta pureza).

Para realizar este encuentro pidieron ser entrevistadas las dos. Decisión que uno termina de entender cuando las conoce. No solo son hermanas, son complemento y el eje en torno al cual su padre edificó Camusso, sus esposos tomaron la posta y ahora uno de los hijos conduce la fábrica que pone en valor la plata peruana.

La menor es pintora y Rosanna, vendedora. La primera es más prudente y su hermana más osada. “Y coqueta”, subraya Gigliana. “Mi papá siempre nos dijo: nunca se peleen entre ustedes”, evocan. No solo le hicieron caso, sino también se adelantaron a su época.

Gigliana y Rosanna Camusso: “En la fábrica hicimos la Copa Libertadores”

Gigliana y Rosanna Camusso: “En la fábrica hicimos la Copa Libertadores”. (Piko Tamashiro/GEC)

Gigliana y Rosanna Camusso: “En la fábrica hicimos la Copa Libertadores”. (Piko Tamashiro/GEC)


¿Qué recuerdos de la niñez en el Centro de Lima?

Rosanna (R): Tengo la imagen de mi mamá y mi papá muy trabajadores. Ella cosía muy bien. Los dos trabajaban y se ayudaban.
Gigliana (G): Ha habido armonía y respeto, lo que nos han transmitido. Nos hemos formado en un ambiente en el que las mujeres eran muy luchadoras. Mi mamá apoyó mucho a mi papá, quien se intoxicó con unos metales en la fábrica donde trabajaba. Entonces, ella se puso de costurera.
(R): Empezó de cero y logró tener un equipo de 22 personas.
(G): Y luego de recuperarse de su salud, mi padre abrió este pequeño taller en el Centro de Lima hasta abrir la primera fábrica en la avenida Colonial.

-¿En qué circuntancias llegan sus padres al Perú?
(G): Ellos se conocen en Italia, allá nacieron.
(R): Pero cuando nosotras nacimos no nos inscribió italianas. Y siempre nos pusieron en la cabeza que ellos eran italianos y nosotras peruanas. Mi papá fue contratado por esta compañía donde se intoxicó. Mi mamá se quedó en Italia esperando que él vuelva. Se escribían cartas hasta que ella vino al Perú. El Callao no tenía muelles para recibir grandes buques. Mi papá la fue a recibir en una lancha, remando. Ella bajó con la ilusión de vestirse de blanco, pero mi padre –en una época donde la moral era lo primero– no la llevó a su casa sino de frente a La Victoria para casarse.

-¿Cuál era el proyecto personales de ustedes?
(G): Mi hermana quería entrar a la fábrica. Yo no tanto. Era una época que gracias a mi papá fuimos a estudiar afuera del país. Estudiamos en Suiza y Londres. Mi idea era ir a estudiar idiomas. Y me casé muy joven, a los 19 años.
(R): Cuando regresamos del extranjero, me fui a la fábrica. Fui vendedora y vendí lo que quería. Mi primer cliente fue un muchacho ruso, que no se reía para nada, hasta que le saqué una sonrisa y logré que compre (risas).
(G): Yo creo que le guiñaba el ojo a los clientes (risas).
(R): Cuando llegaban los barcos de Europa, venían a la fábrica un montón de jóvenes. A un grupo de franceses les hice que se prueben joyas y me terminaron invitando a bailar en la noche en el barco (risas). Yo feliz de la vida les dije a mis amigas: “¡Tenemos fiesta!”, pero mi papá no quiso.

-La fábrica Camusso no solo ha hecho joyas sino también objetos que pasan a la historia.
(G): En la fábrica se pudo hacer todo lo que uno se podía imaginar. Así hicimos una cripta para guardar un pedazo de la tibia del almirante Miguel Grau, que está en la Escuela Naval de La Punta. También se hizo el aríbalo para el ex presidente ruso Brézhnev.
(R): Yo tuve una amiga que estuvo en Checoslovaquia cuando estaba invadida por los rusos y ella me contó que pasó por una tienda, cuando había poquísimas cosas, y vio un juego de té que decía “Camusso made in Perú”.
(G): Un cliente americano nos pidió que hagamos las réplicas de tres barcos. Y uno estuvo expuesto medio año en el restaurante de la Costa Verde. Todo se hizo en plata, según sus planos. Y también hicimos la Copa Libertadores, que aún da vueltas.

-¿Qué tiene de especial dedicarse a la platería?
(R): Para mí es la belleza.
(G): Hacer de nada, de una lámina, objetos como los que hemos descrito. La creación de un metal frío a algo tan cálido.

-¿También son artistas?
(G): Hay algo de arte.
(R): Tengo un toro (adorno) que es una belleza, que tiene más de 60 años. Tiene que haber arte y amor al trabajo.
(G): Yo diría que mi padre fue más un artista.
(R): Y mi hermana heredó algo de ese arte.
(G): Trato de pintar, aunque lo dejé un momento porque me agarró los bronquios.

-¿La plata peruana tiene una calidad singular?
(G): Es la mejor. En Italia se trabaja con 800. Acá es 925 (1,000 sería plata pura). Esas cifras definen la pureza. Nuestra plata es mucho más pura. Por eso nuestra platería es cotizada.

-¿Podemos decir que tenemos la mejor plata del mundo?
(R): Yo diría que sí.
(G): Así es.

¿Qué les dejó su padre más allá de una fábrica?
(R): Nos preparó para la vida.
(G): Orden y honradez.

¿Y ustedes qué les dejan a sus hijos?
(G): El ejemplo cuenta más que la palabra. Seriedad, honradez, trabajo.
(R): (Mira a su hijo Carlo y se sonríen). Él sigue con Camusso.

-Si pudieran decirle algo a su padre, ¿qué le dirían?
(G): Un gracias fuerte y un abrazo más fuerte.
(R): ¡Te quiero!

AUTOFICHA

- “Soy Gigliana Camusso de De Gasperi. Estudié en el colegio Santa Úrsula, pero no me llevé bien con las monjas. Yo les caía mal. Tengo tres hijos y cuatro nietos. Estudié en Bellas Artes, no lo acabé y con mi hermana nos fuimos a Suiza y Londres. Estudio en la PUCP sobre el pensamiento grecolatino. Antes he estudiado Filosofía. Esos cursos nos ayudan, que toda mujer debe llevarlos y no solo estar en la cocina. He dicho (risas)”.

-“Soy Rosanna Teresa Camusso viuda de Tonani. Este 29 de octubre cumplo 85 años, así me manda un ramo de flores (risas). Tengo cuatro hijos y 12 nietos. Me gusta mucho la parte espiritual, hago meditación, yoga, tai chi. Todas esas cosas raras las he hecho yo. Y algunas de ellas me dieron mucha paz. La meditación es entrar en uno mismo. Es felicidad desde adentro. También estudio en la PUCP sobre el pensamiento grecolatino”.

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